Emilio Fleitas: Transitar la vida – ESPECIALES – ABC Digital

En busca de cumplir su sueño de ser piloto militar de caza, Emilio era cadete del tercer curso de aviación. Su sueño parecía cercano, hasta que un hecho trágico le cambió su vida para siempre: un accidente de tránsito lo dejó inmovilizado.

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Transitar la vida

Transitar la vidaSin embargo, la vida de Emilio Fleitas es iluminada, alegre y sagaz. De una inteligencia voraz, dispuesto a comerse el mundo a la velocidad que pocos caminantes llegarían. Porque no pudo elegir algunos hechos de su vida, pero él puede elegir la vida que hoy transita.

En sus años de infancia, el pequeño Emilio se mostraba inquieto y participativo; siempre activo en actividades barriales o colegiales. “Pasé una infancia y juventud muy feliz. Siempre rodeado de mi familia y amigos. Mis padres me brindaron –y siguen haciéndolo– una muy buena educación. Jugué fútbol, básquetbol, handball masculino, integré selecciones y clubes; hice danza, bailaba de hecho muy bien. Tuve amores de adolescencia y me llegue a enamorar”, cuenta Emilio al recordar otros tiempos que aún forman parte de su vida.

Al terminar el colegio, previo servicio militar, su objetivo era más que claro: su mayor sueño era ser piloto militar de caza. “Profesión no muy fácil ni común”, como hoy lo reconoce. Decidió ingresar a la Academil y un 4 de setiembre de 1999, siendo cadete del 3er. curso de Aviación, un accidente de tránsito le obligó a cambiar los planes. “Me fracturé el cuello a la altura de la cervical (c5-c6) y me quedé inmovilizado totalmente, desde el cuello para abajo por mucho tiempo. La vida dio un giro inesperado tremendo para mí y para mi familia”, recuerda.

Emilio cuenta que la situación se volvió muy difícil. Fueron momentos de intensa angustia que, sin embargo, no lograron abatirlo y terminaron por darle más coraje. “Eran momentos de mucha angustia… Pero desde ese instante, al saber de mi condición, decidí no dejarme vencer y poner toda mi voluntad en seguir adelante”.

Es que para Emilio -once años después- ya distante de la angustia y muy cerca de nuevos sueños, contar su historia lo remite a mostrar con orgullo los rastros de una vida exitosa y feliz.

Hoy es abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción. Acaba de terminar sus estudios de especialización en Docencia Universitaria -que lo habilita a ser profesor- y reconoce que sus aspiraciones siguen intactas, igual que 11 años atrás.

Con un hijo al que ve crecer, se reconoce fanático del fútbol y de las cosas simples de la vida. Y es que su sonrisa grafica los rasgos de una vida feliz. “Sigo igual de feliz, igual de pleno. Me sigue gustando el fútbol, aunque no chute –soy hincha de Libertad–, sigo bailando bien pero sentado… Sigo rodeado de mis padres, hermanos, mi familia entera y mis verdaderos amigos que nunca me vieron diferente a ellos. Y, por sobre todo, un nuevo incentivo: mi hijo Matías, de 11 años”.

Se desempeña en una empresa a la que sirve con eficiencia y cuyo equipo humano valora sus virtudes intelectuales y personales. “Trabajo desde el 2007 en Pronet S.A., una empresa que confió en mi capacidad, antes que mirar mi discapacidad”. Y es que, lejos de cualquier impedimento, Emilio cuenta y demuestra que sigue siendo muy feliz. “¡No existe barrera que me lo impida!”, subraya.

EL DÍA A DÍA

Lo más difícil para una persona en silla de ruedas, según Emilio, es el mismo día a día. Vencer los prejuicios en las calles y lugares que uno frecuenta; además de “esperar un grado de conciencia o respeto por los lugares o accesos destinados para nosotros”.

Es que, más allá de una mayor apertura existente, nuestra sociedad aún se resiste a respetar los derechos. Al respecto, Emilio es directo al señalar que “las barreras arquitectónicas son millones en nuestras ciudades, lo digo sin temor a equívocos. A todo esto debemos sumar las barreras actitudinales, aquellas donde las personas te ven como una cosa, o un estorbo en sus caminos… Se enojan y te miran feo por pedirles que muevan sus autos de la vereda, por ejemplo, que de hecho está prohibido. La atención en los lugares públicos, que no es para nada agradable, y en algunos casos hasta lamentable”.

Al hablar de discriminación, el abogado Fleitas reconoce que “más que discriminación existe una falta de educación o de conciencia por parte de las personas. Algunas actúan por simple desconocimiento o por falta de orientación. Erradicar el prejuicio hacia el trato a las personas con cualquier tipo de discapacidad es una tarea pendiente de la sociedad en general”.

POLÍTICAS INCLUSIVAS

Al referirse a los derechos que más nos cuesta cumplir a los paraguayos, Emilio se refiere al derecho a la igualdad; especialmente al derecho de acceder a una educación con calidad y el derecho a una asistencia integral en la salud.

“Yo accedí a una buena educación, igual que algunos integrantes que formamos ParIgual. ¡Pero esa misma oportunidad debe ser para todos! Me duele que un niño por tener alguna discapacidad no pueda ir a una escuela, en algunos casos hasta la propia familia le margina. Así también, en instituciones de salud pública la atención a las personas con discapacidad es muy mala, la parte afectiva o personal de los profesionales deja mucho que desear”, reflexiona.

Respecto al respeto de los citados derechos, también reconoce la necesidad de un compromiso estatal y su decepción ante la violación de las ordenanzas municipales vigentes e incluso la inexistencia de las mismas en municipios diversos. “Las autoridades miran a un costado cuando se trata de políticas inclusivas. O quitan leyes o aceptan acuerdos que en la realidad son inaplicables. Ni mencionemos las constantes violaciones a las ordenanzas municipales y, peor aún, la falta de ordenanzas en muchos municipios”.

OPORTUNIDADES

En cuanto a la función que cumple la Fundación Teletón, organización comprometida a la búsqueda de una sociedad inclusiva, accesible y que brinde oportunidades para todos, Emilio sostiene que la misma “cumple una función muy importante en cuanto a la asistencia a chicos con discapacidad, en cuanto a su tratamiento y rehabilitación integral para su posterior integración a la sociedad. La rehabilitación y la atención son fundamentales, e incluso vitales en algunos casos”.

Lo mismo expresa al referirse a las organizaciones Saraki y ParIgual, a través de las cuales se lograron muchos objetivos. “El primero de todos, el de posicionar el tema como factor importante de debate. Se logró el reconocimiento de varios derechos. Y la campaña de concienciación logró un efecto importante en las principales ciudades. Obviamente el impacto debe ser más fuerte, pero el logro sigue siendo importarte comparado con años anteriores”.

Si algo dispara en Emilio es la actitud entusiasta de ver la vida y su constante búsqueda de desafíos ante cualquier barrera que lo intente detener. Es así como reconoce que manejarse en una silla de ruedas no le impide “caminar”. “Les cuento que yo no ‘sufro’ una discapacidad; tengo una, pero que no me impide ser feliz. Tampoco estoy ‘confinado en una silla de ruedas’. Me manejo en una silla de ruedas; es más, ‘camino en una silla de ruedas’”.

Emilio invita a los jóvenes a ser más abiertos, inclusivos y a mirar a la personas y no a la discapacidad. A su vez, exige a las autoridades a simplemente cumplir sus funciones, respetando la dignidad de las personas.

“Sería mucho más fácil integrarnos a la sociedad, y a la ciudad, si ellas se nos muestran abiertas y adaptadas. Tenemos mucho que brindarles. Solo pido una chance de demostrarles, desde nuestras capacidades”, enfatiza Emilio como ejemplo de vida que nunca supo mirar atrás y, mucho menos, detenerse.

Es que, como dice este exitoso y valiente hombre que desafió caídas y una posible inmovilidad para transitar un camino muy cerca de la felicidad, “lo difícil está al alcance de nuestras manos; lo imposible, nos cuesta un poco más”.

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